Sonido direccional

Imagina que estas en un centro comercial o en un supermercado mirando productos en las estanterías, no se oye ningún sonido pero, de pronto, cuando pasas delante de cierto producto, un mensaje comercial te habla de las cualidades, precio y características de lo que tienes delante de los ojos. Das un paso a la derecha o atrás y el sonido se apaga misteriosamente, no es que el sonido se dispare como es habitual cuando alguien pasa debajo del altavoz emisor, pues aunque uno escuche perfectamente el mensaje, las personas que están a su lado no oyen nada. ¿Cómo es posible esto? La respuesta se llama sonido direccional emitido por altavoces especiales. Una especie de haz o cilindro de sonido con un alcance muy bien delimitado, llamado directividad.

En un altavoz normal el sonido se transmite en todas direcciones (en algunas más que en otras) igual que una bombilla irradia luz, un altavoz direccional proyecta un haz de forma parecida a un foco. Este haz esta compuesto de ondas ultrasónicas que los humanos no podemos oír, pero que emiten tonos audibles cuando interactúan con el aire. Manejando las matemáticas de esas interacciones, los ingenieros hacen que uno de estos haces transmita voz, música o cualquier otro sonido. Ya en los ochenta las empresas japonesas intentaron desarrollar este tipo de altavoces pero el sonido salía muy distorsionado y requería mucha potencia. No fue hasta 1998 cuando Joseph Pompei del MIT desarrolló unos algoritmos que reducían la distorsión a un nivel aceptable.

En este momento hay dos empresas disputándose esta nueva tecnología que puede hacer que de una pareja que esté sentada en el sofá, ella pueda ver la televisión mientras él escucha música sin que se interfieran sus sonidos. Las dos empresas son la American Technology Corporation (ATC) y la Holosonics Research Labs. Ambas utilizan el mismo principio científico para crear sistemas de sonido direccional competitivos, insistiendo cada uno en que su versión transformará la acústica.

Actualmente ya se usan este tipo de altavoces en el Museo de Bellas Artes de Boston o el Centro Epcot de Disneylandia y ahora los grandes almacenes o los fabricantes de coches lo quieren desarrollar para sus empresas y productos. El único inconveniente que tiene, por ahora, es el precio: un equipo cuesta entre 600 y 1000 dólares .

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